Page 780 - Anatema - Neal Stephenson
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momento más tarde corriendo directamente hacia el
hombre del arma, pero de inmediato volvió a cambiar de
dirección para ocultarse tras un quiosco. De esa forma
avanzó rápidamente hacia el tirador subido al drumón,
que tenía muchas dificultades para apuntarla con tantos
cambios rápidos de dirección. De haber estado en su
situación, yo no habría disparado, ni siquiera para salvar
mi vida, porque sus ejercicios gimnásticos eran un
espectáculo fascinante.
Sonó un disparo. No del hombre del drumón ni del líder
que tenía detrás. Llegó de alguna otra parte: era difícil
precisar de dónde porque el sonido resonó en todos los
edificios de la plaza. Me fallaron las rodillas.
A cinco pies de mí, al líder gheethe le pasó algo
desagradable; un camisa roja había aprovechado la
distracción para derribarle y desarmarle.
La gimnasta seguía avanzando hacia el hombre del
drumón, que se había quedado sin saber qué hacer y
miraba a todos lados para identificar la fuente del disparo.
Se oyó un segundo disparo. El arma saltó de las manos
del francotirador en potencia y resonó sobre el pavimento.
El hombre se agarró la mano y aulló. La mujer camisa roja
dejó los ejercicios gimnásticos y corrió directamente por el
arma.
—¡Fusil! —gritó otro de los camisas rojas. Apuntó al otro
lado del canal. Una vez más, los dos que le flanqueaban se
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