Page 905 - Anatema - Neal Stephenson
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—Desde  el  lanzamiento  de  la  sonda  ha  pasado  más  o


          menos  un  periodo  orbital  —dijo—.  Así  que,  si  los

          Geómetras  quisieran  dejarnos  caer  algo  lo  más

          rápidamente posible, ahora sería el momento de esperarlo.


            —Dejarnos caer algo —repetí.

            —¡Has visto lo que le han hecho a esa pobre mujer! —

          exclamó Orolo—. En el icosaedro hay una insurrección,


          quizás una guerra civil. Una facción que desea compartir

          información con nosotros y otra dispuesta a matar para

          evitarlo.


            —¿Incluso a matarnos a nosotros?

            Orolo se encogió de hombros. Habíamos llegado a la base


          de la rampa y estábamos atrapados en un atasco. Echando

          una ojeada a la espiral en ascenso vi a avotos y soldados

          que corrían, todos juntos. Pero alguna ley inescrutable de


          la dinámica de los atascos dictaba que los que estábamos

          abajo  debíamos  permanecer  inmóviles.  Sólo  podíamos


          esperar.  Nosotros  éramos  los  últimos  avotos;  detrás  de

          nosotros teníamos a dos pelotones de soldados, esperando

          impasibles, como era la carga intemporal de los soldados.


          Detrás  de  ellos,  Orithena  había  quedado  despoblada,

          vacía excepto por la sonda alienígena.

            Orolo  se  me  plantó  delante  y  me  dedicó  una  sonrisa


          radiante.

            —Acerca  de  nuestra  conversación  anterior…  —dijo,

          como si me invitase a dialogar en la cocina del Refectorio.


            —¿Sí? ¿Tienes algo que añadir?



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