Page 903 - Anatema - Neal Stephenson
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estábamos reaccionando de la misma forma: «¡Que les
den!»
Los soldados se pusieron a sacar collares de sus
bandoleras y a encajarlos en los cuellos de Maltha y sus
ayudantes. Pero a medio hacer pararon de pronto. Varios
se llevaron manos enguantadas al casco. Me volví y vi que
todos los soldados de la plaza y los situados alrededor de
la sonda se comportaban de forma similar. Supuse que ya
nos habían descubierto. Algún general, sentado en un
despacho, a miles de millas de distancia, donde podía
acceder a las redes civiles, les gritaba por el micrófono que
había un alienígena muerto en la parte trasera del
transbor. Supuse que en un momento todas las cabezas se
volverían hacia nosotros, que todos los soldados
convergerían.
Pero no fue eso lo que hicieron. Todos miraron al cielo.
Algo se aproximaba.
Las aeronaves flotantes también recibieron el mensaje: el
sonido de los motores cambió, sus luces se movieron
orientándose hacia otra parte, se inclinaron y se alejaron
ganando altitud.
Los soldados cercanos al transbor se habían vuelto los
unos hacia los otros, aunque no dejaban de mirar al cielo.
—¡Eh! —dije—. ¡Eh! ¡Mírame! —Al final conseguí que el
jefe volviese su protección facial hacia mí—. ¡Hablad con
nosotros! —grité—. ¡No podemos oír! ¡No sabemos qué
pasa!
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