Page 124 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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su parte hubiera sido un esfuerzo inútil.
El corredor seguía inclinado hacia arriba y al cabo de
unos cien metros formó un ángulo recto. Pero eso sólo se
percibía en su análisis geométrico: para los sentidos era
como si fuese transportado velozmente por un corredor
totalmente plano. El hecho de que estaba viajando
realmente en trayectoria vertical, a miles de metros de
altura, no le causaba a Alvin el menor sentimiento de
inseguridad, pues no podía pensarse en un fallo del campo
polarizante.
De nuevo el corredor comenzó a inclinarse «hacia
abajo» hasta que otra vez formó un ángulo recto. El
movimiento del suelo se fue haciendo imperceptiblemente
más lento hasta que se detuvo al final de una amplia sala,
cuyas paredes estaban cubiertas de espejos. Alvin sabía que
en esos momentos se encontraba en la cúspide de la Torre
de Loranne.
Se detuvo por un momento en la sala de los espejos que
tenía una fascinación única. Por lo que Alvin sabía, no
había nada comparable en todo Diaspar. Debido a un
extraño don del artista, sólo muy pocos de los espejos
reflejaban la escena tal y como era en realidad e incluso
éstos cambiaban constantemente su posición. Alvin estaba
convencido de ello. El resto reflejaba algo y resultaba
verdaderamente desconcertante el verse a sí mismo
caminando en medio de un paisaje siempre cambiante y
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