Page 122 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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personas al alcance de su vista cuando se detuvo
suavemente en una ancha plataforma de mármol
brillantemente coloreado. Los caminos móviles formaban
parte tan integrante de su vida, que Alvin jamás llegó a
imaginar que pudieran existir otras formas de transporte.
Un ingeniero del mundo antiguo se hubiera vuelto loco
poco a poco, al tratar de comprender cómo una carretera
sólida podía estar fija en sus extremos, mientras que su
centro se movía a cientos de kilómetros por hora. Algún
día, tal vez, Alvin se sentiría intrigado por ello, pero en el
presente aceptaba su medio ambiente tan libre de críticas
como los demás ciudadanos de Diaspar.
La parte de la ciudad a la que había llegado se hallaba
desierta. Aun cuando la población de Diaspar no se había
alterado numéricamente desde hacía milenios, era
costumbre que las familias se mudaran frecuentemente de
lugar. Un día, la marea de la vida volvería a invadir esa
zona, pero las grandes torres viviendas llevaban ya cientos
de miles de años abandonadas.
La plataforma de mármol terminaba junto a un muro
atravesado por túneles brillantemente iluminados. Sin
vacilación, Alvin eligió uno de ellos y se metió en él. El
campo peristáltico lo captó inmediatamente y le impulsó
hacia adelante mientras se tumbaba, cómodamente, para
contemplar lo que le rodeaba.
No parecía posible, en absoluto, que se encontrara en
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