Page 123 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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un túnel excavado profundamente bajo la superficie. El arte

         que  había  utilizado  Diaspar  para  sus  cuadros  estaba

         presente  con  plena  intensidad  y  sobre  Alvin  los  cielos


         parecían abiertos a los vientos de la gloria. A su alrededor

         estaban  los  edificios  en  espiral  de  la  ciudad,

         resplandecientes bajo la luz solar. No era la ciudad propia,


         tal  y  como  él  la  conocía,  sino  un  Diaspar  de  remotos

         tiempos.  Y  aun  cuando  la  mayor  parte  de  los  grandes

         edificios  le  resultaban  familiares,  había  en  ellos  sutiles

         diferencias que aumentaban el interés de la escena. Alvin


         hubiese querido marchar más lentamente, pero jamás pudo

         descubrir un medio de retrasar su avance por el túnel.

                Demasiado  pronto  para  su  gusto,  se  encontró

         depositado  en  una  amplia  cámara  de  forma  elíptica,


         completamente  rodeada  de  ventanas.  A  través  de  ellas

         pudo contemplar un exuberante paisaje de jardines llenos

         de las más brillantes flores. Aún había jardines en Diaspar,


         pero aquéllos existían sólo en la mente del artista que los

         había concebido. Ciertamente, ya no existían flores como

         ésas en el mundo actual.

                Alvin atravesó una de aquellas puertas‐ventanas y la


         ilusión desapareció. Se halló en un pasaje circular que se

         curvaba  lentamente  hacia  arriba.  Bajo  sus  pies,  el  suelo

         comenzó  a  avanzar  lentamente  como  si  no  deseara

         conducirlo a su destino. Dio unos cuantos pasos hasta que


         su velocidad fue tan grande que cualquier movimiento por




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