Page 121 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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fue aumentando. Antaño, Alvin se había sentido satisfecho

         por compartir los placeres y los intereses de Diaspar, pero

         sabía  que  eso  no  le  bastaba  ya.  Sus  horizontes  estaban


         extendiéndose  y  el  saber  que  toda  su  existencia  se  vería

         limitada  siempre  por  los  muros  de  la  ciudad  se  le  hizo

         intolerable.  Conocía  perfectamente  que  no  había  otra


         alternativa,  pues  las  arenas  del  desierto  cubrían  todo  el

         mundo.

                Había visto el desierto tan sólo unas cuantas veces en

         su vida, y tampoco conocía a nadie que lo hubiera visto en


         toda su extensión. El temor de las gentes hacia el mundo

         exterior era algo que no podía comprender. Él no lo sentía

         y sí solamente curiosidad por el misterio. Y esa llamada se

         le presentaba, como en esta ocasión, cada vez que se sentía


         aburrido de Diaspar.

                Los caminos móviles se deslizaban transportando vida

         y color con las gentes de la ciudad que se dirigían a resolver


         sus asuntos. Aquellos con los que se encontraba, sonreían

         a  Alvin  cuando  éste  se  dirigía  hacia  la  Central  a  gran

         velocidad.  Algunos  lo  saludaban  llamándolo  por  su

         nombre.  Antes  se  había  sentido  halagado  por  el


         pensamiento de que todo el mundo lo conocía en Diaspar,

         pero  en  estos  momentos  eso  le  causaba  muy  poca

         satisfacción.

                En  pocos  minutos  el  canal  expreso  le  sacó  fuera  del


         núcleo  superpoblado  de  la  ciudad  y  sólo  había  pocas




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