Page 125 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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completamente imaginario. Alvin se preguntó qué haría si,

         de  pronto,  viera  a  alguien  aproximándose  a  él  en  ese

         mundo de espejos, pero hasta entonces esa situación jamás


         se había producido.

                Cinco minutos más tarde se encontró en una habitación

         pequeña y desnuda, por la que soplaba continuamente un


         viento cálido. Formaba parte del sistema de ventilación de

         la  torre  y  el  aire  en  movimiento  salía  por  una  serie  de

         amplias aberturas que horadaban la pared del edificio. Por

         esos agujeros podía verse el mundo que existía debajo de


         Diaspar.

                Tal vez sería exagerado decir que Diaspar había sido

         edificado  deliberadamente  para  que  sus  habitantes  no

         pudieran ver nada del mundo exterior. Resultaba extraño


         que desde ninguna otra parte de la ciudad, por lo que Alvin

         sabía, pudiera verse el desierto. Las torres más externas de

         Diaspar formaban una muralla en torno a la ciudad, vuelta


         de  espaldas  al  mundo  hostil  que  quedaba  al  otro  lado.

         Alvin volvió a pensar en ese pueblo extraño que se negaba

         a hablar e, incluso, a pensar en nada situado fuera de su

         reducido universo.


                A miles de metros por debajo de él, la luz del sol se

         despedía  del  desierto.  Los  rayos  casi  horizontales

         formaban  dibujos  luminosos  en  la  pared  oriental  de  la

         pequeña  cámara  y  la  sombra  de  Alvin  se  agigantaba


         monstruosamente detrás de él. Con la mano protegió sus




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