Page 126 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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ojos del brillo del sol y se quedó mirando el campo por
donde, desde hacía un número desconocido de Eras, no
había caminado el hombre.
Realmente no había mucho que ver: sólo las anchas
sombras de las dunas arenosas y, mucho más lejos, hacia el
Oeste, una baja hilera de colinas discontinuas tras las cuales
se estaba ocultando el sol. Resultaba extraño pensar que de
los millones de seres humanos que vivían en Diaspar, sólo
él había contemplado este panorama.
No hubo crepúsculo. Al marcharse el sol, la noche cayó
repentinamente como un viento que cruzara el desierto
repartiendo las estrellas por el cielo. Arriba, hacia el Sur,
ardía una extraña formación que ya había intrigado
anteriormente a Alvin: un círculo perfecto de seis estrellas
de color con una gigantesca estrella blanca en el centro.
Muy pocas otras estrellas tenían tal brillo, pues los grandes
soles que antaño ardieron tan poderosamente en los días
de gloria de su juventud, se apagaban ya, lentamente,
camino de su extinción.
Durante mucho tiempo, Alvin estuvo mirando afuera,
observando las estrellas alejadas del Oeste. Allí, en la
profunda oscuridad, muy por encima de la ciudad, su
mente parecía trabajar con una claridad supernormal.
Había muchos vacíos en su conocimiento, pero poco a poco
el problema de Diaspar se le estaba revelando.
La raza humana había cambiado y él no. Antaño,
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