Page 128 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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pensar en una posible aventura, era su única justificación.
No le resultó difícil abrirse camino a lo largo del túnel,
aunque tampoco le habría sido más fácil el año anterior. El
pensamiento de una posible caída desde una altura de mil
quinientos metros no preocupaba en absoluto a Alvin,
puesto que el Hombre había perdido totalmente su temor
a las alturas. En realidad el salto fue sólo de un metro hasta
una amplia terraza que se extendía a izquierda y derecha
por delante de la cara de la torre.
Alvin se deslizó hasta fuera con la sangre latiéndole
agitadamente en las venas. Ante él, en toda su amplitud,
sin la limitación anterior del marco de un estrecho
rectángulo de piedra, se extendía la inmensidad del
desierto. Sobre él, la fachada de la torre se alzaba unos
cientos de metros más hacia el cielo. Lo edificios vecinos se
extendían al Norte y al Sur, formando un avenida de
titanes. La Torre de Loranne, observó Alvin con interés, no
era la única que tenía aberturas de ventilación sobre el
desierto. Por un momento se quedó de pie, extasiado ante
el tremendo paisaje que se abría ante sus ojos;
seguidamente examinó el saliente sobre el que se
encontraba.
Tenía algo así como unos seis o siete metros de ancho
y terminaba abruptamente en el vacío. Sin temor alguno,
Alvin se colocó al borde del precipicio y pudo observar que
el desierto estaba como a unos ochocientos metros por
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