Page 129 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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debajo de él. No había la menor oportunidad de escapar

         por allí.

                Más interesante resultaba el hecho de que en uno de los


         extremos  de  la  terraza  había  una  escalera  que,

         aparentemente, conducía a otra terraza, o saliente, situada

         unos cien metros más abajo. Los escalones estaban tallados


         en el muro de la torre y Alvin se preguntó si llegarían hasta

         la  superficie  de  la  tierra.  Era  una  oportunidad

         verdaderamente  excitante.  En  su  entusiasmo,  no  quiso

         tomar en cuenta el enorme esfuerzo físico que requería ese


         descenso de más de mil quinientos metros.

                La  escalera,  sin  embargo,  sólo  descendía  unos  cien

         metros. Se detenía, de manera repentina, en un gran bloque

         de piedra que parecía haber sido colocado allí, adrede, para


         cortar el paso. No había forma de salvar el obstáculo. Sí,

         estaba  seguro  de  que  el  camino  había  sido  cortado

         deliberada y concienzudamente.


                Alvin se aproximó al obstáculo con un gran desánimo

         en el corazón. Había olvidado la completa imposibilidad

         de subir una escalera de más de un kilómetro y medio de

         altura  en  el  caso  de  que  hubiese  podido  completar  el


         descenso,  y  sintió  un  gran  disgusto  al  pensar  que  había

         llegado tan lejos sólo para toparse cara a cara con la derrota.

                Se acercó a la gran piedra y, entonces, por vez primera,

         vio el mensaje grabado en ella. Las letras eran arcaicas, pero


         pudo descifrarlas con bastante facilidad. Leyó tres veces la




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