Page 243 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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protagonistas quiso hablar con él del asunto.
Posteriormente llegaría el momento de ver cómo
reaccionaba Diaspar ante esa verdad: de momento Alvin
estaba tan interesado en el robot que no le quedaba tiempo
para preocuparse por ninguna otra cosa. Sentía, y este
sentimiento era compartido por Rorden, que la leyenda
que había oído en Shalmirane sólo era un fragmento de otra
mucho más extensa. Al principio, Rorden se había
mostrado escéptico y seguía creyendo que «Los Grandes»
no eran otra cosa que uno de los innumerables mitos
religiosos que habían pasado por la Tierra. Sólo el robot
sabía la verdad, pero había logrado desafiar,
victoriosamente, a un millón de siglos de preguntas sobre
su origen y parecía dispuesto a seguir haciéndolo durante
muchos milenios más.
—El problema principal estriba en que ya no quedan
ingenieros en el mundo —comentó Rorden.
Alvin se lo quedó mirando extrañado. Pese a sus
contactos con el Archivero Mayor, que habían aumentado
bastante su vocabulario, aún seguían existiendo muchas
palabras arcaicas, como por ejemplo «ingeniero», que no
entendía.
—Un ingeniero —explicó Rorden— era un hombre que
diseñaba, planeaba y construía máquinas y aparatos. Para
nosotros resulta imposible imaginar una era sin robots,
pero todas las máquinas que existen en el mundo tuvieron
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