Page 258 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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millones o billones de años, Diaspar hubiera desaparecido,
aquellas máquinas seguirían allí, sin poder jamás apartar
de sus mentes artificiales los pensamientos que los grandes
genios humanos que las crearon les habían dado y a los que
debían servir eternamente.
Alvin y Rorden casi no hablaron en su camino de
regreso a casa mientras cruzaban las calles de Diaspar
iluminadas por la luz solar que parecía pálida y
desfallecida en contraste con la que acababan de dejar en la
ciudad de los robots. Cada uno de ellos, a su manera, iba
pensando en el conocimiento que en breve alcanzarían y
consecuentemente no tuvieron la menor consideración por
la belleza de las grandes torres entre las que caminaban o
por las miradas curiosas que les dirigían sus
conciudadanos.
Resultaba extraño, pensó Alvin, cómo todo lo sucedido
le había arrastrado hasta situarlo en ese momento. Sabía
bien que los hombres eran los creadores de sus propios
destinos, pero en su caso, sobre todo desde que se encontró
con Rorden, todo parecía haberse movido de un modo
automático, predestinado, conduciéndolo a un objetivo
predeterminado. El mensaje de Alaine… Lys…
Shalmirane… en cada una de las etapas de su aventura
podía haber dado la vuelta, sin ver muchas de las cosas que
había a su alrededor; pero había una fuerza extraña, un
algo, que le había impulsado hasta el fin de su aventura.
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