Page 279 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
P. 279
entender la mente solitaria y sorprendente de Alvin. Éste
jamás se convertiría en un hombre adulto: para él el
Universo entero no era más que un juguete, un gigantesco
puzzle que había que ordenar aunque sólo fuera por propia
satisfacción y por el placer de jugar. Y en ese juego, había
encontrado el máximo juguete, un juguete que podría
resultar peligroso, mortal, que podía destruir lo que aún
quedaba de la civilización humana. Pero en tanto que
siguiera existiendo una posibilidad de aventura, aquello
seguiría siendo un juego atractivo, subyugante para Alvin.
El sol estaba ya bajo en el horizonte y un viento helado
llegaba desde el desierto. Sin embargo, Rorden se quedó
esperando un rato más, dominando sus temores… ¡Y por
primera vez en su vida, contempló las estrellas!
Ni siquiera en Diaspar, Alvin había visto jamás tanto
lujo como el que se ofreció a sus ojos cuando se abrió la
puerta interior de la nave. Al principio no comprendió
todas las implicaciones, pero seguidamente comprendió
que aquello era señal de un largo viaje y comenzó a
preguntarse, casi de inmediato, cuánto tiempo tendría que
pasar dentro de ese mundo diminuto en su camino hacia
las estrellas.
En la nave no había ningún tipo de controles de
mando, y sin embargo, la pantalla oval, de gran tamaño,
que cubría por completo la pared frontal, demostraba que
aquélla no era una habitación normal. Alineados en
278

