Page 282 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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por encima del lecho de uno de los océanos desaparecidos.
Antaño, Diaspar debió estar muy cerca del mar, aunque no
había la menor referencia a ello ni siquiera en las
grabaciones más antiguas archivadas. Aunque la ciudad
era inmensamente antigua, los océanos debieron haberse
extinguido aun antes de que Diaspar fuese edificado.
Cientos y cientos de kilómetros después, el suelo se
alzó de manera abrupta y el desierto volvió. En una ocasión
Alvin detuvo la nave sobre un modelo curioso de líneas
que se interceptaban y destacaban levemente sobre la
arena. Por un momento se preguntó, extrañado, qué podría
ser aquello, pero pronto comprendió que se trataba de las
ruinas de alguna ciudad perdida olvidada. No se detuvo
durante mucho tiempo, pues le entristecía la idea de que
tal vez miles de millones de hombres habían habitado
aquella ciudad en el transcurso de toda su existencia sin
dejar tras sí otra cosa que aquellas ruinas medio ocultas por
la arena.
La suave curva del horizonte se rompió con las
cumbres de montañas que, apenas si divisadas en la lejanía,
eran dejadas atrás por la nave. Pronto pudo apreciar que su
navío estaba empezando a disminuir su velocidad y
aproximándose a la tierra describiendo un suave arco de
unos doscientos kilómetros. De pronto, bajo sus pies,
estaba Lys con sus bosques y sus ríos interminables
conformando una panorámica de tan incomparable belleza
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