Page 284 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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El descubrimiento de que el robot original ya no le
obedecía en absoluto le produjo un gran disgusto y
sorpresa. Cuando le ordenó que bajara se negó a moverse
y se quedó inmóvil, observándolo desapasionadamente
con sus múltiples ojos. Para consuelo de Alvin el duplicado
hecho en Diaspar le obedeció de inmediato. Pero por
mucho que insistió no logró que el prototipo cumpliera ni
siquiera la más sencilla de sus órdenes. Durante largo
tiempo Alvin se sintió preocupado por esa circunstancia
hasta que por fin se le ocurrió la posible explicación de ese
motín del robot. Pese a todas sus maravillosas habilidades,
los robots no eran excesivamente inteligentes y los
acontecimientos de la hora anterior debieron ser
demasiado para la infortunada máquina que había visto,
una vez tras otra, cómo todas las órdenes de su Maestro —
esas órdenes a las que había obedecido con tal sencillez de
propósito durante millones de años—, eran desafiadas y
discutidas.
Ya era demasiado tarde para lamentarse, aunque Alvin
se sintió desconsolado por no haber tenido la ocurrencia de
hacer más de un duplicado, para compensar la pérdida del
robot que le había prestado el anciano de Shalmirane y que
se había vuelto insano.
Alvin o mejor dicho su robot no se encontró con nadie
en su camino hacia Airlee. Resultaba extraño verse sentado
en el navío espacial mientras su campo de visión
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