Page 283 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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que por un instante deseó no seguir adelante y quedar allí
para siempre. Hacia el Este, el suelo aparecía como
sombreado y entre aquellas sombras destacaban los
grandes lagos como trozos de noche. Pero hacia el Oeste,
las aguas parecían temblar, bailar, despidiendo chispas de
luz con una gama tan amplia de colores como él jamás
había llegado a imaginarse.
No le costó trabajo localizar Airlee, lo cual resultó una
suerte, pues los robots no podían conducirlo más lejos.
Alvin ya había esperado algo así y se sintió feliz al ver que
también había límites para el poder de aquellas máquinas.
Después de unos cuantos experimentos hizo que la nave se
posara junto la falda de la colina desde la que había visto
por primera vez las tierras de Lys. No resultaba nada difícil
controlar la nave. No tenía más que indicar sus deseos en
términos generales y los robots se cuidaban de realizar los
detalles. Posiblemente, se imaginó, no obedecerían
ninguna orden equivocada, peligrosa o imposible. Pero no
se decidió a hacer la prueba.
Estaba casi seguro del todo que nadie había visto su
llegada. Esto resultaba muy importante pues no tenía el
menor deseo de volver a enfrentarse a Seranis en un
combate mental en el que tenía todas las de perder. Sus
planes aún no estaban completamente esbozados, eran algo
vago. Pero no estaba dispuesto a correr riesgo alguno hasta
no haber restablecido relaciones amistosas.
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