Page 289 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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preguntó              qué         tipo         de         pensamientos                 estarían

         intercambiando  entre  ellos.  Después,  fue  Seranis  la  que

         habló en nombre de todos.


                —Pienso que ya no tiene objeto el hacerlo así. Diaspar

         debe estar ya enterada de nuestra existencia y saber todo

         sobre nosotros.


                Alvin se sintió ligeramente conmovido ante el tono de

         reproche que creyó notar en la voz.

                —Sí,  Diaspar  ya  lo  sabe  —replicó—.  Pero  no  quiere

         tener nada que ver con ustedes. Su deseo principal es evitar


         la contaminación que podía llegarle del contacto con una

         cultura inferior.

                Resultó  satisfactorio,  casi  un  placer,  observar  la

         reacción de los consejeros e incluso Seranis se ruborizó un


         poco al oír sus palabras. Si Alvin lograba que Lys y Diaspar

         se sintieran lo suficientemente indignados uno contra otro,

         Alvin  pensó  que  eso  podría  significar  la  solución  de  su


         problema.                     Estaba                 aprendiendo,                       aunque

         inconscientemente, el sutil y largo tiempo olvidado arte de

         la política.

                —Bien, yo no quiero quedarme aquí toda la noche, así


         que, ¿tengo la palabra de ustedes?

                Seranis suspiró y una débil sonrisa jugó en sus labios.

                —¡Sí, la tienes! —dijo—. No trataremos de controlarte

         de ningún modo. Aunque ya ves que la otra vez tampoco


         tuvimos mucho éxito en la empresa.




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