Page 292 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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él la conocía, soñando al borde del desierto, con sus torres

         brillantes alzándose en el cielo como globos cautivos, como

         arcos iris artificiales gracias a sus luces multicolores. Desde


         el tesoro de su memoria sacó los cantos que hicieron poetas

         de otras edades en honor y loa de Diaspar. Se refirió a los

         incontables hombres que habían consumido sus vidas en


         un  incansable  esfuerzo  para  aumentar  su  belleza.  Nadie

         ahora, les dijo, podría gastar ni la centésima parte de los

         tesoros que allí se guardaban, por larga que fuese su vida.

         Durante  un  buen  rato  fue  explicando  las  maravillas  que


         habían logrado los habitantes de Diaspar. Trató de reflejar

         aunque sólo fuese una débil chispa de la gran belleza que

         artistas tales como Shervane y Perildor habían creado para

         admiración  eterna  de  los  hombres.  Y  habló  también  de


         Loronei cuyo apellido él llevaba y sugirió que bien podía

         ser cierto lo que de él se decía: que su música había sido la

         última que el hombre radió a las estrellas.


                Los Consejeros de Lys lo oyeron sin interrumpirlo ni

         hacerle  pregunta  alguna.  Cuando  Alvin  terminó  su

         discurso era muy tarde y se sintió más cansado que nunca

         lo había estado antes, al menos en lo que podía recordar.


         La excitación y la emoción de todas las cosas que le habían

         sucedido aquel día cayeron sobre él como un pesado fardo

         de sueño y, casi de improviso se quedó dormido.

                Alvin aún estaba cansado cuando dejó el pueblo poco


         después  del  alba.  Aunque  era  muy  temprano  no  fue  el




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