Page 294 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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lento  de  su  colosal  velocidad  sino  que  todo  se  produjo

         instantáneamente,  hasta  tal  punto  que  los  ojos  se

         adelantaron siguiendo la supuesta trayectoria que la nave


         debía haber seguido en el espacio, antes de que el cerebro

         pudiera  detener  su  movimiento.  Desde  el  cielo  llegó  un

         trueno violento, prolongado, el sonido del aire conmovido


         y golpeado por la violencia que la nave causaba en él al

         surcarlo a tan tremenda velocidad. Poco después, el navío

         espacial,  brillando  espléndidamente  bajo  la  luz  del  sol,

         llegó  a  posarse  junto  a  la  colina  a  unos  cien  metros  de


         distancia de donde ellos se encontraban.

                Costaba trabajo decir quién quedó más sorprendido.

         Pero la verdad es que Alvin fue el primero en reponerse.

         Cuando se dirigieron hacia la nave —casi corriendo— se


         preguntó si siempre se detenía de aquella forma abrupta.

         El  pensamiento  era  desconcertante,  pues  cuando  estuvo

         dentro de la nave no tuvo la menor sensación de velocidad


         ni de detención en seco. También resultaba sorprendente,

         tal vez más, el que el día anterior esa espléndida criatura

         metálica había estado oculta bajo una típica capa de roca

         dura como el hierro. No fue hasta después de que Alvin


         llegó  a  la  nave  y  se  quemó  los  dedos  al  tocar

         inadvertidamente  la  cubierta  todavía  caliente  de  la

         máquina,  que  comprendió  perfectamente  lo  que  había

         ocurrido. Cerca de la popa habían quedado algunos restos


         de tierra ahora convertidos en lava. El resto del polvo y




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