Page 49 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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mantuvo el aparato desconectado por unos instantes para

         evitar que volviera a accionarse de nuevo al paso del león.

         Después cerró la caja y continuó la marcha preguntándose


         qué era lo que iba a ocurrir seguidamente.

                Apenas llevaba andados cien metros cuando una voz,

         que  parecía  no  provenir  de  ninguna  parte,  comenzó  a


         amonestarle severamente. No le decía nada nuevo, pero le

         amenazaba con una serie de pequeñas sanciones, algunas

         de las cuales no le eran totalmente desconocidas.

                Resultaba divertido observar la expresión de asombro


         y desconcierto de Leo tratando de descubrir la fuente de

         origen de la voz. Una vez más Peyton buscó el aparato que

         hacía surgir la voz y lo controló antes de seguir adelante.

         Pensó que sería más práctico abandonar la carretera por


         completo, pues existía la posibilidad de que más adelante

         hubiese aparatos automáticos de registro.

                No  sin  dificultad  consiguió  que  Leo  siguiera


         caminando por la senda metálica mientras él marchaba al

         lado de ésta sobre el suelo húmedo. En el siguiente medio

         kilómetro el león puso en acción dos nuevos aparatos de

         alarma. El último de ellos parecía destinado a persuadir a


         cualquiera  de  que  continuar  por  allí  resultaba  peligroso.

         Decía simplemente:

                ¡CUIDADO CON LOS LEONES SALVAJES!




                Peyton  miró  a  Leo  y  se  echó  a  reír.  Leo  no  podía




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