Page 47 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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espléndida, casi treinta centímetros más alta que sus
piojosos antepasados de diez siglos antes.
Cuando Peyton se puso en marcha para continuar su
camino, el león marchó a su lado, al trote. El joven dudaba
sobre si la amistad del león valía más de una libra de carne
sintética, pero se hallaba satisfecho de tener alguien con
quien hablar… Y más todavía si este alguien era uno que
no hacía el menor intento de contradecirle. Después de
pensar un rato sobre el tema decidió que «Leo» podría ser
un buen nombre para su nuevo amigo.
Peyton llevaba andados unos cientos de metros cuando
de repente, delante de él, cruzó el aire un brillante
relámpago. Aunque de inmediato se dio cuenta de qué se
trataba, se sintió momentáneamente aturdido y se detuvo
cegado por la luz. Leo había emprendido una huida
precipitada y se había perdido de vista. Peyton pensó que,
en caso de apuro, aquel animal no le sería de mucha ayuda.
Pero muy pronto se vería en la necesidad de cambiar su
juicio.
Cuando sus ojos se recobraron del deslumbramiento,
Peyton vio ante él un aviso multicolor en letras de fuego
que flotaba en el aire, y leyó:
¡ATENCIÓN!
¡SE ESTA USTED APROXIMANDO
A UNA ZONA RESTRINGIDA!
¡DÉ LA VUELTA!
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