Page 53 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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determinada energía. Seguidamente quedó de nuevo inerte.



                A Peyton le pareció que sus pies tardaban mucho en


         llegar al suelo, pero eso no le preocupó en ningún momento

         o,  al  menos,  no  fue  su  mayor  causa  de  preocupación.

         Tampoco fue motivo de asombro. Su mayor sorpresa fue


         empero  la  transición  instantánea  desde  la  más  profunda

         oscuridad a la luz repentina, del calor un tanto opresivo de

         la jungla a una temperatura que, en comparación con ese

         calor, casi parecía fría. El cambio fue tan brusco, tan rápido,


         que  le  dejó  sin  aliento.  Lleno  de  una  sensación  de  claro

         malestar  se  volvió  hacia  el  arco  por  donde  acababa  de

         entrar.

                Pero  la  entrada  ya  no  estaba  allí.  Realmente  nunca


         había  estado  allí.  Peyton  se  encontraba  de  pie  en  una

         especie  de  estrado  metálico  en  el  centro  exacto  de  una

         amplia  estancia  circular  con  una  docena  de  arcadas


         puntiagudas  distribuidas  en  torno  a  la  circunferencia.

         Podía haber penetrado en aquella sala por cualquiera de

         ellas… de no ser porque todas ellas estaban como a unos

         treinta metros de distancia del lugar donde él se encontraba


         en aquellos momentos, encima de la tarima metálica.

                Durante un momento, Peyton se sintió invadido por el

         miedo.  Sintió  que  el  corazón  le  latía  precipitadamente  y

         advirtió que algo raro le estaba sucediendo en las piernas.


                Se sintió muy solo, se sentó en el estrado y comenzó a




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