Page 57 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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pequeño robot hasta que finalmente pudo localizarlo, pues

         Peyton  se  fue  moviendo  con  mucha  rapidez  de  una

         habitación a otra en el curso de su exploración de la ciudad.


         En esos momentos la máquina se detuvo en el centro de

         una  pequeña  habitación  circular  rodeada  de  contactos

         magnéticos e iluminada por un solo tubo eléctrico.


                De  acuerdo  con  sus  instrumentos,  Peyton  se  hallaba

         sólo a pocos metros de distancia, pero para las lentes que le

         servían de ojos no estaba allí puesto que no podían captar

         su  imagen.  La  máquina,  el  robot,  se  quedó  inmóvil,


         extrañado,  intrigado  por  algo  que  para  él  resultaba

         incomprensible.  Reinaba  el  silencio,  excepto  el  leve

         zumbido  de  sus  motores  y,  de  vez  en  cuando,  el  leve

         chasquido de un relay que conectaba un nuevo circuito.


                De pie sobre una gatera situada a unos tres metros del

         suelo,  Peyton  observaba  al  robot  con  gran  atención.  Se

         trataba de un cilindro mecánico que se alzaba desde una


         gruesa placa metálica que le servía de base y que estaba

         montada  sobre  unas  pequeñas  ruedas.  No  poseía

         extremidades  de  ninguna  clase.  El  cilindro  no  tenía  más

         abertura que las lentes que le servían de ojos y una serie de


         pequeños enrejados metálicos, que le servían para captar el

         sonido, realizando la función que las orejas ejecutan en el

         hombre y en los seres vivos.

                Resultaba divertido observar el «comportamiento» de


         la  máquina,  su  perplejidad,  cuando  su  mente  artificial




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