Page 68 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
P. 68

su  lado  sobre  la  arena,  que  no  era  más  dorada  que  la

         hermosa cabellera que descansaba descuidadamente sobre

         ella.


                Y, entonces, el paraíso tembló y se disolvió en torno

         suyo.  Dejó  escapar  un  fuerte  grito  de  angustia  como

         alguien que se ve repentinamente privado de todo lo que


         ama. Sólo lo instantáneo de la transición salvó su mente.

         Cuando  el  tránsito  hubo  sucedido,  se  sintió  como  Adán

         debió sentirse cuando vio que se cerraban tras él, y para

         siempre, las puertas del Paraíso.


                El sonido que le hizo «regresar» era uno de los más

         comunes en el mundo. Y tal vez el único que podía haber

         llegado  a  su  mente  en  ese  lugar  oculto.  Fue  el  agudo

         zumbido de su receptor de comunicación que estaba a su


         lado en la oscura habitación de la ciudad de Comarre.

                El  zumbido  desapareció  cuando,  de  manera

         automática, apretó el botón que conectaba el receptor para


         recibir  la  comunicación.  Sin  duda  supo  dar  algunas

         respuestas             que         satisficieron            a      sus        desconocidos

         demandantes —¿quién sería aquel Alan Henson?—, pues

         al  cabo  de  poco  tiempo  el  circuito  quedó  mudo.  Aún


         sumido en la mayor confusión, Peyton se sentó en el sofá,

         con  la  cabeza  entre  las  manos  y  tratando  de  dar  alguna

         orientación a su vida.

                No había soñado; estaba seguro de ello. Más bien le


         parecía que había estado viviendo una segunda existencia




                                                                                                            67
   63   64   65   66   67   68   69   70   71   72   73