Page 69 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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y ahora volvía a su vieja existencia como un hombre que se
recupera después de un ataque de amnesia. Y, aunque
seguía todavía confuso, una clara convicción penetró en su
mente: nunca más debía volver a quedarse dormido en
Comarre.
Lentamente, el carácter y la voluntad de Richard
Peyton III regresaban de su pasado destierro. Vacilante, se
puso en pie y caminó en dirección a la puerta y salió de la
habitación. De nuevo se vio en el largo pasillo con su
centenar de puertas idénticas. Con un nuevo conocimiento
de su significado, contempló el símbolo que campeaba en
ellas.
Apenas si se daba cuenta de a dónde se dirigía. Su
mente se hallaba fija con demasiada intensidad en el
problema que tenía ante él. Pero, a medida que caminaba,
su cerebro se iba aclarando y una lenta capacidad de
entendimiento volvía a él. De momento se trataba sólo de
una hipótesis, pero pronto tendría ocasión de someterla a
prueba.
La mente humana es una cosa delicada, protegida, sin
contacto directo con el mundo y sin otra posibilidad de
entrar en contacto con él más que por medio del
conocimiento, la experiencia y los sentidos corporales. Para
ella resulta posible recoger, registrar y almacenar
pensamientos y emociones como los hombres de épocas
pasadas habían registrado el sonido en miles de kilómetros
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