Page 63 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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había dejado de existir.



                Peyton se quedó dormido instantáneamente. Durante


         un rato, el más completo no existir se apoderó de él. Pero,

         poco  después,  débiles  reflejos  de  su  consciencia

         comenzaron  a  regresar.  Y  entonces,  como  siempre,


         comenzó a soñar.

                Resultó extraño que su sueño favorito regresara a su

         mente y, más extraño aún, que fuese más vívido que en

         ninguna  ocasión  anterior.  Durante  toda  su  vida,  Peyton


         había amado el mar, y en una ocasión había podido ver la

         increíble belleza de las islas del Pacífico desde la cabina de

         observación  de  un  crucero  espacial  de  pasajeros  que,

         lentamente, hacía su recorrido. Jamás las había visitado y,


         frecuentemente, deseó poder pasar su vida en alguna isla

         remota y tranquila sin preocuparse lo más mínimo por el

         futuro del mundo. Era, desde luego, un sueño que la mayor


         parte de los hombres conoce en algún momento de su vida,

         pero  Peyton  era  lo  suficientemente  sensible  como  para

         darse  cuenta  de  que  dos  meses  de  una  existencia  así  le

         hubiera  hecho  volver  a  la  civilización,  medio  loco  de


         aburrimiento.  Sin  embargo,  sus  sueños  jamás  se  veían

         turbados por esas consideraciones y, una vez más, en esta

         ocasión se contempló tumbado bajo las oscilantes hojas de

         las  palmeras,  escuchando  el  rumor  de  las  grandes  olas


         rompiendo en los arrecifes, más allá de la pacífica ensenada




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