Page 70 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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de cintas magnéticas. Y si esos pensamientos se proyectan
sobre otra mente, cuando el cuerpo al que pertenece está
inconsciente y sus sentidos adormecidos, el cerebro puede
pensar que está viviendo una realidad. No había forma
posible de detectar la ilusión, el espejismo, de igual modo
que no se puede diferenciar el registro de una sinfonía
perfectamente realizado, del sonido original de esa misma
sinfonía.
Todo eso era algo que ya se sabía desde hacía siglos,
pero los hombres que construyeron Comarre habían
utilizado esos conocimientos como no lo había hecho nadie
en el mundo con anterioridad. En alguna parte de la ciudad
debía haber aparatos que podían analizar todos los
pensamientos y los deseos de los que entraban en la ciudad.
En algún lugar debía hallarse un sinnúmero de grabaciones
almacenadas que recogían todas las sensaciones y
experiencias de la mente humana. Y con esa materia prima
podía construirse cualquier tipo de futuro imaginable.
Fue en esos momentos cuando Peyton comprendió la
medida, la capacidad del genio que había emprendido la
obra de construir la ciudad de Comarre. En aquella ciudad
existían máquinas, aparatos, que habían analizado sus
pensamientos más recónditos y profundos y habían
construido para él un mundo basado en la realización de
sus deseos subconscientes. Después, cuando tuvieron
oportunidad, habíanse hecho con el control de su mente y
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