Page 72 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
P. 72
5. EL INGENIERO
Peyton volvía a ser de nuevo el mismo cuando un
sonido, el deslizarse de unas ruedas, le hizo mirar por
encima del hombro. El pequeño robot que le había servido
de guía regresaba. No le cabía duda de que las grandes
máquinas pensantes que lo controlaban estaban intrigadas
por saber qué le había ocurrido a la persona que le habían
encomendado. Peyton esperó mientras en su mente se
formaba lentamente un plan de acción.
A‐Cinco comenzó de nuevo a lanzar uno de sus
discursos preestablecidos. De nuevo Peyton encontró
incongruente verse frente a un robot tan simple en un lugar
donde la automatización había alcanzado su máximo
desarrollo. Fue entonces cuando se le ocurrió pensar que
tal vez se estaba utilizando, deliberadamente, una máquina
poco complicada. No tenía objeto, realmente, utilizar
robots más complejos para llevar a cabo funciones que otra
máquina más simple podía realizar igualmente… o mejor.
Peyton ignoró el discurso ya familiar. Todos los robots,
eso era sabido, tenían que obedecer órdenes humanas salvo
que otros seres humanos le hubieran ordenado
previamente lo contrario. Incluso los que habían
proyectado la ciudad, pensó complacido, habían obedecido
las desconocidas y no pronunciadas órdenes de sus propios
71

