Page 74 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Seguidamente, con la destreza que da una larga práctica,

         comenzó a trabajar sobre el confiado robot que no podía

         esperarse  lo  que  le  venía  encima.  Afortunadamente  el


         aparato había sido fabricado para poder ser atendido con

         facilidad y podía ser abierto sin demasiado trabajo. Peyton

         no encontró nada que no le fuera familiar en los controles


         y no tardó mucho en dar con el mecanismo de locomoción.

         Ahora, pasara lo que pasase, la máquina no podía escapar.

         Había quedado convertida en un paralítico. Seguidamente

         la  cegó  y,  uno  tras  otro,  fue  anulando  todos  sus  demás


         sentidos  electrónicos  y  los  puso  fuera  de  servicio.  La

         máquina quedó convertida en un simple cilindro lleno de

         cables y válvulas. Peyton se sintió como un chico travieso

         que  acaba  de  atacar  con  un  destornillador  el  reloj  del


         abuelo. Se sentó para esperar lo que sabía habría de ocurrir

         seguidamente.

                Había  sido  un  poco  desconsiderado  por  su  parte


         sabotear  el  robot  en  un  lugar  tan  alejado  del  que  debía

         encontrarse  el  robot  superior.  La  máquina  automática

         transportadora  tardó  casi  un  cuarto  de  hora  en  llegar.

         Peyton oyó el sonido de sus ruedas en la distancia y se dio


         cuenta  de  que  sus  cálculos  habían  sido  acertados.  La

         partida comenzaba.

                El transportador no era más que una simple máquina

         destinada a recoger las otras máquinas averiadas, para lo


         cual poseía una especie de brazos que podían levantar y




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