Page 75 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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arrastrar a cualquier robot averiado después de colocarlo
sobre una especie de plataforma. Parecía ser ciega, aunque
no cabía duda de que sus sentidos le bastaban para realizar
la función para la que había sido concebida.
Peyton esperó hasta que la máquina portadora recogió
al infortunado A‐Cinco. Después saltó adelante teniendo
siempre buen cuidado de quedar fuera del alcance de los
brazos mecánicos de la máquina transportadora y se colocó
en su plataforma. No le gustaba la idea de que el aparato lo
confundiera con un robot averiado. Por suerte para él el
aparato no pareció ni siquiera advertir su presencia.
Así, junto con la máquina, Peyton descendió piso tras
piso el gran edificio, dejando atrás las viviendas y cruzando
la habitación donde se había encontrado a su llegada a la
ciudad. Y aún descendió más, hacia lugares en los que no
había estado antes. A medida que bajaba, el carácter de la
ciudad cambiaba notablemente. Había desaparecido el lujo
y la opulencia de los pisos altos para dejar lugar a una tierra
de nadie, repleta de oscuros pasadizos que apenas si
parecían otra cosa que gigantescos túneles para la
conducción de cables. Y también esos pasajes terminaron.
La máquina que transportaba al robot y a Peyton atravesó
una serie de puertas deslizantes y Peyton se encontró, por
fin, en el lugar que había deseado.
Las filas de pantallas, paneles, y mecanismos de
selección parecían interminables, y aunque Peyton sintió la
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