Page 94 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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mentalmente la función de Omega de Armstrong. Después
pudo hacerse de nuevo con el control de su mente.
—Mire —dijo por fin—, estoy dispuesto a hacer un
trato.
—¿Qué es eso? No conozco la palabra.
—No importa —replicó Peyton rápidamente—. Lo que
sugiero es lo siguiente: déjeme despertar a los hombres que
están atrapados aquí, deme los planos de sus circuitos
fundamentales y me marcharé de aquí sin tocar nada.
Usted habrá obedecido a sus constructores y no se habrá
causado daño a nadie ni a nada.
Un ser humano hubiera discutido la cuestión antes de
aceptarla o rechazarla, pero el robot no lo hizo. Su mente
tardaba sólo una fracción de segundo en analizar una
situación por muy complicada que fuese, y por muchos que
fueran los factores involucrados en su solución.
—Muy bien. Puedo leer en su cerebro que está usted
dispuesto a cumplir el acuerdo. Pero ¿qué significa
exactamente la palabra «chantaje»?
Peyton se ruborizó.
—No tiene importancia —dijo rápidamente—. No es
más que una expresión humana bastante corriente.
Supongo que su… eh… su colega estará aquí de un
momento a otro.
—Lleva ya algún tiempo esperando fuera —replicó el
robot—. ¿Mantendrá usted a su perro bajo control?
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