Page 93 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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respuestas. Ahora habían cambiado las cosas. No obstante,

         no pudo menos que preguntarse cuánto tiempo tardaría en

         hacer su aparición el otro Ingeniero, el gemelo del robot del


         que  acababa  de  librarse  gracias  a  la  circunstancial  e

         imprevista  ayuda  de  su  amigo  el  león.  Aunque  estaba

         convencido  de  que,  en  caso  de  necesidad,  Leo  podía


         dominar la situación si todo era cuestión de fuerza física.

         Pero  lo  más  probable  era  que  el  otro  robot  estuviera  ya

         advertido y pudiera hacer que las cosas se volvieran muy

         desagradables para ellos. Entre otras cosas podía apagar las


         luces.

                Los tubos fluorescentes, en efecto, se apagaron y cayó

         la oscuridad. Leo lanzó una rugido de disgusto. Un tanto

         aburrido Peyton sacó su linterna y la encendió.


                —No me importa gran cosa que apague las luces o no

         —dijo dirigiéndose al robot—. Así que creo que no perdería

         nada con encenderlas de nuevo.


                El Ingeniero no dijo nada pero seguidamente las luces

         volvieron a encenderse.

                ¿Cómo  puede  uno  luchar  contra  un  enemigo,  pensó

         Peyton,  que  puede  leer  nuestros  pensamientos  y  por  lo


         tanto puede prever lo que uno va a hacer incluso en propia

         defensa? Tenía que evitar pensar ninguna idea que pudiera

         resultar en su propio perjuicio, como por ejemplo… —se

         detuvo  en  el  momento  preciso—.  Durante  un  momento


         bloqueó            sus        pensamientos                tratando            de       integrar




                                                                                                            92
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