Page 96 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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y  cientos  de  puertas  mostrando  el  emblema  de  la

         amapola… o en otro similar. El robot le condujo a una de

         las puertas que no se distinguía lo más mínimo de las otras,


         y se detuvo frente a ella.

                La  puerta  metálica  se  abrió  silenciosamente.  No  sin

         ciertas reservas, Peyton penetró en la habitación sumida en


         una semipenumbra.

                En el diván había acostado un hombre muy viejo. A

         primera  vista  parecía  muerto.  Ciertamente  que  su

         respiración había sido disminuida hasta un punto mínimo


         cerca del  cese total. Peyton se  lo quedó  mirando por un

         momento. Después se dirigió al Ingeniero II:

                —¡Despiértelo!

                En algún lugar, en lo más profundo y recóndito de la


         ciudad,  se  cortó  la  corriente  de  impulsos  enviada  por

         medio de un proyector de pensamientos. Un universo, que

         nunca había existido más que  en los sueños del  hombre


         dormido, se derrumbó por completo.

                Desde el sofá dos ojos ardientes se quedaron mirando

         a Peyton. En ellos se reflejaba la locura. Parecían mirar a

         través de él, más allá de su cuerpo. De los labios delgados


         y  débiles  brotó  un  torrente  de  palabras  confusas  que

         Peyton no pudo entender apenas. Una y otra vez el hombre

         repetía nombres de gentes y lugares que debían ser los de

         gentes y lugares que habían formado parte del sueño del


         que acababa de ser despertado inesperadamente, sin contar




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