Page 91 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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intensamente mientras sus brazos y tentáculos seguían
realizando los trabajos de reparación.
Peyton comenzaba a desesperar. Notablemente la
oposición no había hecho más que aumentar su
determinación. De un modo u otro tenía que descubrir
cómo estaba construido el Ingeniero. No hacerlo
significaría desperdiciar toda su vida tratando de competir
con el genio de Thordarsen para hacer algo que éste ya
había hecho. Peyton comprendió que sus esfuerzos
resultarían inútiles. El robot siempre se le adelantaba.
—No puede usted hacer planes contra mí. Si trata
usted de escapar por la puerta arrojaré a sus pies esta
dínamo. Mi probable error, a esta distancia, es menor a
medio centímetro.
No había forma de escapar al analizador de
pensamientos. Apenas el plan se estaba conformando en la
mente de Peyton, cuando ya lo conocía el Ingeniero.
Ambos, de repente, se sintieron igualmente
sorprendidos por la interrupción. Fue como un repentino
relámpago dorado, y media tonelada de huesos y carne,
marchando a setenta kilómetros por hora, cayó sobre el
robot.
Por un momento hubo un tremendo agitarse de
tentáculos. Después, con un ruido como el desplomarse de
una muralla, el Ingeniero quedó tumbado en el suelo. Leo,
lamiéndose sus garras concienzudamente, se dejó caer
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