Page 89 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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otra parte no pudo por menos que considerar divertida la
distinción que había hecho el Ingeniero entre él y los
«robots». Peyton continuó con la próxima pregunta que
resultaba obvia:
—¿Y si algo se estropea en usted?
—Nosotros somos dos. El otro está en reposo ahora.
Cada uno de nosotros puede reparar al otro. Esto sólo ha
sido necesario una vez desde que existe Comarre. Hace
trescientos años.
Era un sistema sin fallos. Comarre estaba a salvo de
accidentes por millones de años. Los constructores de la
ciudad habían colocado en ella estos guardianes eternos
para vigilarla mientras ellos seguían su camino en busca de
sus sueños. No resultaba sorprendente, pues, que mucho
tiempo después de que sus constructores hubieran muerto,
Comarre siguiera realizando los extraños objetivos para los
que había sido creada.
¡Qué tragedia que todo este genio se hubiera
desperdiciado en algo así!, pensó Peyton. Los secretos de el
Ingeniero podían revolucionar la tecnología de los robots,
podrían dar lugar al nacimiento de un nuevo mundo.
Ahora que las primeras máquinas dotadas de conciencia
habían sido construidas, ¿qué límites quedaban para la
ciencia y la técnica?
—Ninguno —dijo el Ingeniero de manera inesperada
en respuesta a los pensamientos de Peyton—. Thordarsen
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