Page 116 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—Venga  —me  dijo  amablemente—.  ¿Tiene  miedo?


           Esto es lo que quería ver. Pasearemos. Y seguiremos


           hablando.


           Con grandes dudas —me fue muy duro dar un paso


           al  frente  y  alejarme  de  las  paredes  de  la  inmensa


           celda— lo seguí.


           Causé  un  gran  efecto  entre  la  población.  Sus  caras



           pequeñas  me  rodeaban,  con  ojos  grandes  y  sin


           barbillas. Los evitaba al caminar, porque de nuevo


           sentía temor de esas carnes frías. Algunos intentaron


           tocarme con largos brazos cubiertos de pelo. Podía


           oler algo en sus cuerpos, un olor dulce y mustio que


           me era familiar. Muchos caminaban erguidos como


           un hombre, aunque algunos preferían caminar como



           un  orangután,  con  los  nudillos  rozando  el  Suelo.


           Bastantes llevaban arreglado el pelo de la cabeza y la


           espalda,  algunos  de  la  forma  severa  y  recta  de


           Nebogipfel,  y  otros  en  estilos  más  decorativos  y


           fluidos. Pero había uno o dos que llevaban el pelo tan


           desordenado y sucio como el de cualquier Morlock


           que hubiera encontrado en el mundo de Weena, y al


           principio  pensé  que  aquellos  individuos  eran


           salvajes, en medio de aquella ciudad‐habitación; pero



           se comportaban tan bien como los demás, y supuse


           que  sus  melenas  sucias  no  eran  sino  un  signo  de


           afectación, de la misma forma que un hombre puede


           dejar que la barba le crezca demasiado.


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