Page 155 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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unido a la superficie exterior de una pequeña bola de
piedra como la Tierra, sino de pie en el interior de una
inmensa cáscara hueca. Pero no aprecié ese efecto
óptico; sólo vi más hierba, y quizás algunos grupos
de árboles o arbustos en la distancia. El cielo era una
planicie de color azul de nubes altas y blancas que se
unía a la tierra en una costura de niebla y polvo.
—Me siento como si estuviese de pie sobre una
enorme mesa —le dije a Nebogipfel—. Pensé que
sería como un paisaje dentro de una taza. ¡Qué
paradoja es no poder distinguir si estoy dentro de
una gran Esfera o en el exterior de un gigantesco
planeta!
—Hay formas de hacerlo —contestó Nebogipfel bajo
su parasol—. Mire arriba.
Levanté el cuello. Al principio sólo pude ver el cielo
y el Sol; podía haber sido cualquier cielo de la Tierra.
Entonces, gradualmente, empecé a distinguir algo
más allá de las nubes. Las manchas formaban algo así
como una acuarela lejana, pintada con azules, grises
y verdes, pero con gran detalle, por lo que la mayor
de las manchas era empequeñecida por la nube más
pequeña. Parecía un mapa... o varios mapas, cosidos
juntos y vistos en la lejanía.
Y esa analogía fue la que me condujo a la verdad.
—Es el otro lado de la Esfera, más allá del Sol.
Supongo que los colores que veo son los océanos, los
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