Page 26 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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confianza en la buena voluntad y sentido común de


           los demás— me preparé para viajar en el tiempo.


           Con la mochila bajo un brazo y la Kodak bajo el otro,


           me  dirigí  al  laboratorio,  donde  me  esperaba  la


           Máquina  del  Tiempo.  Cuando  llegué  al  salón,  me


           sorprendí  al  encontrarme  con  un  visitante:  uno  de


           mis invitados de la noche anterior, y quizá mi amigo



           más  íntimo;  se  trataba  del  Escritor  del  que  ya  he


           hablado. Estaba de pie en el centro de la habitación,


           embutido en un traje que le sentaba mal, con el nudo


           de la corbata tan mal hecho como era posible y con


           las manos colgando torpemente. De nuevo recordé


           que,  del  círculo  de  amigos  y  conocidos  a  quienes


           había reunido para que fuesen los primeros testigos



           de mis descubrimientos, ese honrado joven fue el que


           escuchó con mayor interés, con un silencio lleno de


           simpatía y fascinación.


           Me sentí extrañamente feliz al verlo, y agradecido de


           que  hubiese  venido;  de  que  no  me  hubiese


           considerado un excéntrico, como otros, después de


           mi  actuación  la  noche  anterior.  Me  reí  y,  cargado


           como estaba con la mochila y la cámara, le tendí un


           codo; cogió la articulación y la agitó solemnemente.



           —Estoy muy ocupado con eso de ahí —señalé.


           Me miró con atención; en sus ojos azules me pareció


           descubrir una decidida voluntad de creerme.






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