Page 52 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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de medio millón de años en el futuro me encontraba
con una Tierra quieta!
Comprendí que había visto de nuevo la mano del
hombre en acción: dedos que descendían de los de los
monos se habían extendido por los siglos con la
fuerza de los dioses. El hombre no se había
conformado sólo con enderezar su mundo, sino que
también había reducido el giro mismo de la Tierra,
eliminando así para siempre el viejo ciclo del día y la
noche.
Miré el nuevo desierto de Inglaterra. La hierba había
desaparecido por completo, y sólo quedaba expuesto
un barro seco. Aquí y allá vi parpadeos de algún
arbusto resistente —de forma similar a un olivo que
intentaba sobrevivir bajo el sol implacable. El
poderoso Támesis, que se había desplazado como
una mina en su lecho, se encogió entre sus orillas
hasta que ya no pude ver el brillo de sus aguas. No
sentía que esos últimos cambios hubiesen mejorado
el lugar: al menos el mundo de Morlocks y Elois
había mantenido el carácter esencial de la campiña
inglesa, con mucho verde y mucha agua; el efecto,
reflexiono ahora, debía ser similar al de remolcar las
Islas Británicas al trópico.
Imaginen al pobre mundo, con una cara vuelta
siempre hacia el Sol, y la otra alejada de él. En el
ecuador, en el centro del lado diurno, debía de hacer
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