Page 53 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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calor  suficiente  como  para  hervir  las  carnes  de  un


           hombre  sobre  los  huesos.  Y  el  aire  debía  de  estar


           huyendo  del  lado  supercalentado,  con  vientos


           huracanados,  hacia  el  hemisferio  más  frío,  para


           quedar  allí  congelado  formando  una  nieve  de


           oxígeno y nitrógeno sobre los océanos helados. Si en


           ese  momento  hubiese  detenido  la  máquina,  quizás



           esos grandes vientos me hubiesen arrastrado, ¡como


           el  último  suspiro  de  los  pulmones  del  planeta!  El


           proceso  sólo  acabaría  cuando  el  lado  diurno


           estuviese seco y al vacío, desprovisto de vida; y el


           lado oscuro quedase cubierto por una costra de aire


           congelado.


           También  comprendí  con  creciente  terror  que  ¡no



           podía volver a mi época! Para volver debía detener la


           máquina, y si lo hacía me encontraría en un mundo


           sin aire, ardiente, tan estéril como la superficie de la


           Luna. ¿Pero me atrevería a continuar, hacia un futuro


           incierto, y esperar encontrar en las profundidades del


           tiempo un mundo habitable?


           Ya sabía con seguridad que algo había fallado en mis


           percepciones, o recuerdos, de mi viaje en el tiempo.


           Si me era apenas creíble que durante el primer viaje



           pudiese haber pasado por alto la desaparición de las


           estaciones  —aunque  no  lo  creía—,  me  resultaba


           inconcebible que no hubiese notado el cambio en el


           giro de la Tierra.


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