Page 57 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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que colgaban hacia el suelo como dedos grotescos. Su


           boca era un pico de carne, y no parecía tener nariz.


           Los  ojos  de  la  criatura  —dos,  grandes  y  oscuros—


           eran  humanos.  Parecía  emitir  un  ruido  —un


           murmullo bajo, como el de un río— y comprendí con


           horror  que  ése  era  exactamente  el  ruido  que  había


           oído al principio de la expedición, a incluso durante



           mi primera aventura en el tiempo.


           ¿Me había acompañado esa criatura —ese Observador,


           como  la  llamé—  de  forma  invisible  en  mis  dos


           expediciones por el tiempo?


           De pronto, corrió hacia mí. ¡Apareció a no más de una


           yarda de mi cara!


           Me  derrumbé  por  fin.  Grité  y,  sin  pensar  en  las



           consecuencias, tiré de la palanca.


           ¡La  Máquina  del  Tiempo  volcó  —el  Observador


           desapareció— y volé por los aires!





           Quedé  inconsciente;  no  sé  durante  cuánto  tiempo.


           Desperté  despacio,  con  la  cara  pegada  a  una


           superficie  dura  y  arenosa.  Sentí  como  un  aliento


           cálido en el cuello —un suspiro, un toque de pelos


           suaves contra mi mejilla—, pero cuando me quejé a



           intenté inclinarme, la sensación desapareció.


           Extendí los brazos y busqué a mi alrededor. Para mi


           tranquilidad,  me  vi  recompensado  con  un  choque


           casi inmediato con una masa de marfil y cobre: era la


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