Page 56 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 56
las esferas de los indicadores; y la máquina todavía
temblaba al proseguir su viaje por el tiempo.
Comencé a temer que había perdido la vista.
La desesperación se adueñó de mí, más oscura que la
oscuridad exterior. ¿Acabaría tan pronto mi segundo
viaje en el tiempo, con tanta ignominia? Agarré los
controles, mientras mi cerebro concebía planes en los
que rompía las esferas de los indicadores
cronométricos y, por medio del tacto, tal vez pudiese
volver a casa .
... Y supe entonces que no estaba ciego: podía ver
algo.
En muchos aspectos ése fue el hecho más extraño de
todo el viaje hasta ese momento; tan extraño que al
principio permanecí más allá del horror.
Primero distinguí una luz en la oscuridad. Era un
brillo tan tenue y extenso, similar a la aurora, y tan
débil que pensé que mis ojos me estaban jugando una
mala pasada. Creí ver estrellas a mi alrededor; pero
eran débiles, como si su luz me llegase a través de una
ventana empañada.
Y luego, bajo el débil resplandor, vi que no estaba solo.
La criatura estaba a una pocas yardas por delante de
la Máquina del Tiempo; o mejor dicho, flotaba en el
aire, sin apoyo aparente. Se trataba de una bola de
carne: algo así como una cabeza flotante, de unos
cuatro pies de diámetro, con dos juegos de tentáculos
56

