Page 66 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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desierto oscuro, y ahora sólo existía en los recovecos


           de mi mente. Pero la esfinge estaba allí, sólida como


           la vida y casi indestructible.


           Palmeé los paneles de bronce de la estatua casi con


           afecto. De alguna forma, la existencia de la esfinge,


           que  permanecía  desde  mi  anterior  visita,  me


           reafirmaba que no estaba imaginando todo aquello,



           ¡que no me volvía loco en alguna alcoba de mi casa


           en 1891! Todo era objetivamente real, y —sin duda y


           como el resto de la creación— todo encajaba en un


           esquema lógico. La Esfinge Blanca era parte de ese


           esquema, y sólo mi ignorancia y las limitaciones de


           mi  cerebro  me  impedían  ver  el  resto.  Me  sentí


           reforzado,  y  decidido  a  continuar  con  mis



           exploraciones.


           En un impulso, caminé hasta el lado del pedestal que


           quedaba más cerca de la Máquina del Tiempo y, a la


           luz de la vela, examiné el panel de bronce tallado. Fue


           ahí,  recordé,  donde los  Morlocks  —en aquella  otra


           historia— habían abierto la base hueca de la esfinge


           para  encerrar  la  Máquina  del  Tiempo  dentro  del


           pedestal, con la intención de aprisionarme. Había ido


           a la esfinge con una piedra y había golpeado en ese



           panel, justo allí; recorrí los adornos con las yemas de


           los dedos. Había aplastado algunas espirales de ese


           panel, aunque sin resultado. Bien, ahora las espirales


           estaban  en  perfectas  condiciones,  como  si  fuesen


                                                                                                               66
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