Page 64 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 64

Probé el mango y lo sopesé. Me imaginé partiendo


           los  blandos  cráneos  de  algunos  Morlocks  con  ese


           trozo de ingeniería primitiva y mi confianza creció.


           Metí el atizador en una de las presillas del cinturón.


           Colgaba un poco torpemente pero me tranquilizaba


           con su peso y solidez, y por sus resonancias a hogar


           y fuego.



           Levanté  la  vela  en  el  aire.  La  estatua  o  edificio


           espectral  que  había  notado  cerca  de  la  máquina


           apareció  vagamente  iluminada.  Era  de  hecho  un


           monumento  de  algún  tipo:  una  figura  colosal


           esculpida  en  piedra  blanca,  aunque  la  forma  era


           difícil de distinguir bajo la luz de la vela.


           Me aproximé al monumento. Cuando lo hacía, por el



           rabillo del ojo me pareció ver un par de ojos de color


           rojo grisáceo que se abrían y una espalda blanca que


           huía  por  la  arena  con  un  ruido  de  pies  descalzos.


           Coloqué la mano sobre el trozo de cobre que colgaba


           de mi cinturón y seguí.


           La estatua se erigía sobre un pedestal que parecía ser


           de  bronce  y  decorado  con  paneles  finamente


           grabados.  El  pedestal  estaba  manchado,  como  si


           tiempo atrás hubiese sufrido un ataque de verdín que



           se había secado hacía mucho. La estatua en sí era de


           mármol blanco, y de un cuerpo leonino se extendían


           grandes  alas  que  parecían  flotar  sobre  mí.  Me


           pregunté cómo podían sostenerse esas grandes hojas


                                                                                                               64
   59   60   61   62   63   64   65   66   67   68   69