Page 61 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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que yo no pertenecía a esta época: que en cualquier
momento podía subir al aparato y regresar a la
seguridad de 1891, sólo herido en mi orgullo.
Saqué la vela de su hueco en la arena y la mantuve
frente a los indicadores. Era el día 239.354.634: por
tanto —estimé— el año era el 657.208 después de
Cristo. Mis especulaciones sobre la mutabilidad del
pasado y el futuro debían ser ciertas, porque esa
colina oscura estaba situada en el tiempo ciento
cincuenta milenios antes del nacimiento de Weena, ¡y
no podía concebir cómo aquel mundo jardín
iluminado por el sol podía haber salido de esa
oscuridad!
En mi remota infancia, recuerdo que mi padre me
entretenía con un juguete primitivo llamado
«Imágenes cambiantes». Toscas imágenes en color se
proyectaban sobre una pantalla por medio de un
doble juego de lentes. La lente de la derecha
proyectaba una imagen; luego la luz iba cambiando
hacia la izquierda, de forma que la imagen
proyectada por la derecha se desvanecía a medida
que la otra incrementaba su brillo. De niño me
impresionaba profundamente por la forma en que
una realidad brillante se convertía en un fantasma,
para ser sustituida por una sucesora que al principio
apenas se veía. Había momentos emocionantes en
que las dos imágenes estaban en perfecto equilibrio,
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