Page 91 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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recortado  y  teñido  de  un  color  claro  amarillo


           blancuzco, obligado a permanecer de pie y a llevar


           unas estrafalarias gafas, y tendrán algo parecido a él.


           —Tik. Pau —repitió.


           Me acerqué a él.


           —¿Qué me dices, bestia?


           Se estremeció —supongo que reaccionó a mi tono y



           no  a  mis  palabras—  y  luego  señaló  las  tabletas  de


           comida que llevaba en la mano.


           —Tik —dijo—. Pau.


           Comprendí.


           —Por  el  amor  del  cielo  —dije—.  Intentas  hablar


           conmigo,  ¿no?  —Levanté  las  tabletas  una  a  una—,


           Tik. Pau. Uno. Dos. ¿Entiendes? Uno. Dos...



           El  Morlock  echó  la  cabeza  a  un  lado  —los  perros


           también  lo  hacen  a  veces—  y  luego,  casi  tan  bien


           como yo, dijo:


           —Uno. Dos.


           —¡Eso es! Y hay más: uno, dos, tres, cuatro...


           El  Morlock  entró  en  el  círculo  de  luz,  aunque  se


           mantuvo a distancia. Señaló el tazón de agua.


           —Wasser.


           ¿ Wasser? Eso parecía alemán, aunque las lenguas no



           son mi punto fuerte.


           —Agua —contesté.


           Una vez más, el Morlock escuchó en silencio con la


           cabeza inclinada.


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