Page 87 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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sabor:  si  alguna  vez  han  comido  una  verdura,


           digamos  brécol  o  col,  hervida  a  un  paso  de  la


           desintegración, entonces reconocerán más o menos el


           sabor; ¡los miembros de los clubes londinenses peor


           equipados  reconocerán  los  síntomas!  Aun  así,  me


           comí la mitad de la tableta. Luego cogí otras tabletas


           para probarlas; y aunque su color difería su textura y



           sabor no se diferenciaban demasiado.


           No necesité demasiada cantidad de ese alimento para


           satisfacerme, y arrojé los fragmentos en la bandeja y


           la aparté.


           Me senté en el suelo y miré a la oscuridad. Me sentí


           agradecido de que los Morlocks me hubiesen dado al


           menos  esa  iluminación,  ya  que  suponía  que  si  me



           hubiesen depositado sobre una superficie desnuda y


           vacía en medio de una oscuridad sólo rota por la luz


           de  las  estrellas  debajo  de  mí,  creo  que  me  habría


           vuelto loco. Aun así, también sabía que los Morlocks


           me  habían  dado  ese  anillo  de  luz  por  sus  propias


           razones,  como  un  medio  eficaz  de  mantenerme  en


           aquel  lugar.  Estaba  indefenso,  ¡prisionero  de  un


           simple rayo de luz!


           La fatiga se apoderó de mí. No me sentía tentado de



           perder  la  conciencia  una  vez  más  —dejándome


           indefenso—,  pero  no  creía  posible  el  permanecer


           despierto para siempre. Salí del anillo de luz y entré


           un poco en la oscuridad, por lo que sentía, al menos,


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