Page 29 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Por supuesto, nada de eso hubiese sido posible sin
las propiedades de la extraña sustancia
denominada plattnerita. Recuerdo la noche en que
llegó por casualidad a mis manos una muestra de
ese material: dos décadas atrás, un desconocido
había llamado a mi puerta y me la había dado.
«Plattner», la llamó. Era un tipo corpulento, varios
años mayor que yo, con una extraña y amplia
cabeza gris, a iba vestido con colores de selva. Me
dio instrucciones para estudiar la potente
sustancia que me había entregado en un frasco de
medicamento. Bien, aquello había permanecido sin
investigar en un estante durante más de un año,
mientras me dedicaba a hacer progresos en
trabajos más importantes. Pero finalmente, una
tarde aburrida de domingo, cogí el frasco...
¡Y lo que descubrí, finalmente, me había llevado a
eso!
Era la plattnerita, sumergida en barras de cuarzo,
lo que impulsaba la Máquina del Tiempo, y hacía
posible sus hazañas. Pero me halaga pensar que
fue necesaria mi particular combinación de
análisis e imaginación para descubrir y explotar
las propiedades de esa sustancia sorprendente, en
una situación en la que hombres menos
capacitados hubiesen fracasado.
Había vacilado a la hora de publicar mis trabajos,
ya que se trataba de un campo extravagante, sin
verificación experimental. Me prometí a mí mismo
que en cuanto volviese, con especimenes y
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