Page 31 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Oí pasos en el corredor de la casa y vi que
accionaban el picaporte. Debía de ser el Escritor
que entraba en el laboratorio.
De pronto, tomé la decisión. Mi valor no crecería
con el paso del tiempo aburrido y moroso del siglo
XIX; y además, ya había dicho todos los adioses
que me preocupaban.
Empujé la palanca hasta el fondo. Tuve la extraña
sensación de girar que se produce en los primeros
instantes del viaje en el tiempo, y luego vino la
sensación de caer de cabeza. Creo que solté una
exclamación al experimentar de nuevo esa
incómoda sensación. Me pareció oír un golpe de
vidrio: quizás una ventana del techo que había
estallado por el desplazamiento del aire. Y,
durante un breve fragmento de segundo, le vi en
el quicio de la puerta: el Escritor, una figura
fantasmal a indefinida, con una mano alzada hacia
mí: ¡atrapado en el tiempo!
Pero desapareció, barrido a la invisibilidad por mi
viaje. Las paredes del laboratorio se volvieron
nebulosas a mi alrededor, y una vez más las
inmensas alas de la noche y el día se agitaron
alrededor de mi cabeza.
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